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Crónica 12,

12- BIELORRUSIA-1 (UN PAÍS... DIFERENTE)

Ruta : Ruta Gengis Khan | País : Bielorrusia

Yyyy ¡ENTRAMOS en BIELORRUSIA!


 
De hecho, al salir de España ni sabíamos si íbamos a poder entrar porque partimos sin ese visado. No hay servicio consular de Bielorrusia en Madrid así que había que pedirlo al consulado que tienen en París. Las condiciones eran leoninas: carta de invitación, reservas, 20 días para tramitarlo, fechas exactas de entrada y salida cuando todavía quedaban 4 meses... Era imposible calcular la fecha de llegada 4 meses antes cuando se viaja por carretera. pueden ocurrir muchas cosas. Y además es un visado caro al que hay que añadir la mensajería ida y vuelta a París de los pasaportes.
Finalmente nos la jugamos y nos presentamos en persona en el consulado de Bielorrusia en Chisinau y allí lo solicitamos. Elegimos esa ciudad porque supusimos que al ser una ciudad con apenas visitantes extranjeros, casi nadie lo solicitaría y así fue. Nos recibió la propia cónsul, nos atendió de maravilla y tras un montón de papeleo, consultar al embajador (porque no teníamos carta de invitación ni reservas) y una posterior entrevista nos concedió 15 días de estancia. Recogimos el pasaporte con el visado 5 días después y... respiramos aliviados. Íbamos a entrar en el país más hermético de Europa, todavía nostálgicos de la era soviética. Los lugares especiales... nos fascinan.
Un vez dentro, sigue siendo un país bastante complicado que explicaremos poco a poco. Elegimos empezar por el mundo rural bielorruso, en contraste con la sofisticada y gran Kiev que acabamos de dejar atrás.



Este APARATITO BIELORRUSO...  ¡TIENE TELA! (leed, leed... merece la pena)



Esa cosita que vemos en mi mano hay que comprarla nada más entrar en Bielorrusia. Los extranjeros que logren el difícil visado bielorruso y vengan en vehículo tienen que buscarse la vida para adquirirlo como no lo tengan en la frontera (nuestro caso). Sin ese aparatillo... te cae una multa cada vez que pases por un control de autopista o nacional de pago. No hay ni una sola caseta de cobro, todo es automático y hay que comprar ese emisor cuanto antes. Nosotros entramos por una zona rural y no lo tenían en la frontera. Tras varios días por zonas rurales, al despuntar de nuevo por la civilización nos íbamos parando en todas las gasolineras cercanas a la autopista para ver si lo vendían. Al final encontramos una que sí... antes de la multa. Respiramos aliviados.
El aparatito se "alquila" por el equivalente a 20€ que devuelven al salir... en rublos y hay que hacer una estimada de los kilómetros que se van a hacer por autopista (ahí estábamos sumando kilómetros con el GPS) y se paga a razón de 10 € por cada 250 Km. Si sobran kilómetros... se "supone" que los devuelven a la salida...pero en rublos bielorrusos también, lo que implica ir a un banco a cambiar los rublos a euros o dólares... sin pasar por una cámara de vigilancia de peajes. Vamos, un lío.
El aparatillo lo cargan con todos tus datos: nombre, apellidos, nº de pasaporte, matricula, bastidor, dirección en España, fotocopian todos los documentos del coche y míos, ... ¡TODO! Hay que adherirlo en un sitio "muy específico" del parabrisas y antes de pegarlo, pasan un rastreador de interferencias para que sea perfectamente legible por sus escaners. A partir de ese momento... YA ESTÁS  MONITORIZADO con todos tus datos y controlado por todo el país (porque no sólo hay lectores en las autopistas, ¿qué os creíais?).
Nosotros calculamos unos 500-600 Km. por autopistas y nacionales de pago pero compramos 1.000 Km. para no pillarnos los dedos porque el aparato no te dice los kilómetros que te quedan, te lo "dice" la policía que te pare para multarte por ir sin saldo (también se supone que emite un pitido especial cuando queda poco pero si no lo oyes o no suena...).
Y todo esto... hay que entenderlo por señas y dibujitos porque los operarios sólo hablan bielorruso y ruso.
Vamos... ¿a qué se entiende el título de ... ¡Tiene tela!?

Si quieres TELÉFONO... DI  "PA...TA...TA"



Seguimos con las PECULIARIDADES de la complicada BIELORRUSIA.
Compramos una SIM prepago por cada país que cruzamos y así podemos mantener el Facebook y demás temas de internet (y por seguridad, siempre es bueno poder llamar a emergencias del país que se cruza).
Todas estas tarjetas tienen precio de risa, en Moldavia 3GB por 2,5 € y en Ucrania 6GB por 2,8 €. Y como nuestros teléfonos son también emisores de WiFi, con una tarjeta podemos conectar todos los demás artilugios. Siempre ha sido comprarla, insertarla y a correr.
En BIELORRUSIA no podía ser así. Lo primero es que aquí hay que configurar diferentes parámetros en el teléfono (Proxy y demás), lo que te obliga a buscar un comercio de telefonía en el que alguien hable los idiomas que hablamos nosotros (español, inglés , francés o alemán) y ya eso es una empresa difícil.
Bien, lo encontramos a la tercera, había una chica que hablaba el inglés que me dejo ojiplático y me configuró el sistema sin ni siquiera pasar al inglés mi teléfono. Sigue siendo muy barato, 3GB por 2,75€. Empieza el papeleo... tela.
Me piden documentos, pasaporte, visado, dirección en España,... Tengo que volver al coche porque no lo llevo encima, regreso. Hasta ahí bien, en una dictadura es lo normal. Pero mete mis datos en el ordenador y... se conecta con el de la policía. Lo imprime y estaban todos mis datos: matrícula del todoterreno, cuando entré, con quién voy,... ¡todo! Me resulta increíble que un comercio de una compañía telefónica imprima una ficha policial. Verifica mis datos con los que figuran en la ficha policial para ver si he mentido o hay algo raro. Todo cuadra, me sonríe... yo también.
Echo un montón de firmas y cuando extiendo la mano para que me de la SIM, me dice... "no, no, one moment"! Me indica que me sitúe delante de su ordenador, gira la webcam y me dice que tiene que sacarme una foto. ¡Para venderme una SIM pre-pago... me sacan una foto para la ficha policial asociándome al número que me han vendido! Sonrío diciendo PA...TA...TA...
Ahora sí que he terminado. Me da la SIM y me voy... alucinado.



LENIN... más presente que en ningún sitio.


El actual presidente, que se auto-define sin complejos como soviético y absolutista, se hizo con el poder en las primeras elecciones tras la independencia de Bielorrusia y enseguida cambió la constitución para hacerla a su medida. Entre las primeras remodelaciones fue retirar que el presidente únicamente pudiese gobernar 2 mandatos (10 años) y así poder perpetuarse en el poder, cosa que hizo. Lleva 23 años gobernando, toda la existencia de Bielorrusia tras la nueva independencia. Lleva el país con puño de hierro, nada se mueve sin su permiso, todo está vigilado y siempre gana las "elecciones" por mayoría aplastante.
La simbología soviética está siempre presente y Lenin aparece en los lugares más emblemáticos de cada ciudad, decenas de estatua y bustos invaden calles, plazas y parques.


¡Anda, una SEÑAL de TRÁFICO NUEVA!
Está todo en cirílico pero se entienda perfectamente. "Prohibido adelantar aunque el de delante vaya como un caracol"


Llegamos  BREST. El hito principal es su fortaleza, repleta de épicas historias bélicas. Ahora mismo, su interior luce un desenfreno de homenajes a las heroicidades soviéticas.
 


La megalomanía de esta corriente de pensamiento ha generado estatuas ciclópeas de soldados y explanadas con carros de combate como atracción para niños y mayores.
 




Tampoco faltan los bastiones con impactos de todo tipo de proyectiles, un obelisco que parece querer alcanzar las nubes, varios museos, filas de lápidas con coronas de flores frescas constantemente renovadas, la Llama Eterna, una enorme estrella soviética como entrada...


Y en medio de todo éste despliegue, la nívea iglesia de San Nicolás que parece haber sido abducida de otro lugar y plantada ahí por accidente.



Tras este viaje temporal que parece trasladarnos a los tiempos de la guerra fría, nos ponemos de nuevo en ruta porque las sorpresas de Bielorrusia no han terminado.

 

Resto de crónicas de la ruta

Acerca de los expedicionarios

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Te presentamos a tus compañeros de viaje

Vicente Plédel y Marián Ocaña son dos aventureros ceutíes con una prestigiosa trayectoria de rutas de exploración a través del mundo y entre los dos cubren todos los aspectos que requiere una expedición.