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Crónica 1,

Salida de la Expedición

Ruta : Ruta de los Imperios | País : España

Veinte de Noviembre de 1992, frontera entre La India y Bangladesh. Era la Ruta de Alejandro Magno y lejos de detenernos en el río Indo, tal y como hizo el joven e intrépido conquistador hace 23 siglos, y al que ahora rendíamos homenaje, decidimos ampliar la ruta que seguíamos y explorar por cuenta propia La India, Nepal y Bangladesh.

Toda la ruta era terrestre y éramos conscientes de que el avance hacia Oriente se detendría en Bangladesh. Era imposible seguir avanzando por tierra porque tanto China como Birmania poseen curiosas leyes que no permiten la entrada de vehículos extranjeros por sus fronteras.

Esa frontera entre La India y Bangladesh era tan poco frecuentada por los extranjeros que el funcionario indio que realizaba los trámites aduaneros del "Carnet de Passage" ejecutaba su trabajo desde su casa, a 6 km. de la frontera y cuando se requería su presencia para sellar y firmar la entrada de un vehículo extranjero... otro funcionario cogía la bicicleta y se dirigía a buscarle.

Estuvimos esperando una hora y media, hablando con los lugareños mientras nos ofrecían trozos de caña de azúcar para mascar y atendidos amablemente por los funcionarios con unos vasos de té en el puesto fronterizo, hasta que durante nuestra espera descubrimos un mapamundi agarrado a la pared con chinchetas en uno de los despachos. Era el primer planisferio que veíamos desde que salimos de Ceuta hacía varios meses y entonces, en ese preciso instante, mientras seguíamos con la mirada el largo camino que habíamos recorrido, fuimos conscientes de lo lejos que nos encontrábamos de nuestro hogar en España.

25.000 km. por carreteras, pistas, desiertos, montañas... nos habían llevado hasta esta lejana y remota frontera. Lo lógico en esos momentos era haber sucumbido en la añoranza pero el efecto que nos produjo ese mapa fue totalmente opuesto: la vista se nos fue hacia el mundo que continuaba tras las fronteras que no podíamos atravesar en esos momentos, hacia el Lejano Oriente y Australia y nuestros ojos se quedaron clavados en esa zona del mundo, entonces inalcanzable.

Marián me miró y me dijo sin titubeos:

- Lástima no poder seguir, deberíamos encontrar un camino para poder llegar al Lejano Oriente y entrar en Tailandia, Laos, Vietnam, Camboya, Malasia.... hasta Australia.

- Lo sé. Quizás algún día encontremos el modo y los fondos para realizarlo- le contesté- compartiendo su entusiasmo por seguir adelante.

- Pero mira bien el mapa, Vicente, si llegamos a Australia... no merece la pena volver hacia atrás, estamos más cerca de España siguiendo camino hacia el Este, sería una ruta increíble continuar y alcanzar América para regresar a España desde ese continente.

- ¡Espectacular!. Sería un sueño, completaríamos la vuelta al mundo ... por tierra.

Pensé en esos momentos en los nómadas y en las caravanas que tanto admiramos y que desde el origen de los tiempos han recorrido tantos caminos terrestres. Pregunté a Marián:

-¿Intentamos organizar esta nueva ruta para fin de siglo?

El funcionario regresó con su colega a la grupa de su bicicleta. La interrogación que dejé en el aire debería haber sido una ingenua pregunta fruto de una conversación entusiasta que nos embargaba en esos momentos, cuando dejas correr la imaginación durante una larga espera en una perdida frontera sin otra cosa que hacer. Debería haber sido una charla que rellenaba el tiempo y que desaparecería en cuanto reiniciásemos la ruta... pero no fue así. Sin darnos cuenta, una inocente conversación sirvió de abono para que brotara una minúscula semilla en nuestros corazones. En ese escondido y apartado lugar del mundo nació la Ruta de los Imperios.

Durante el resto de la Ruta de Alejandro Magno no pensamos más en ello pero al regreso, cuatro meses después, una tarde oí a Marián decir, mientras ojeaba el diario de viaje de la Ruta de Alejandro Magno:

- ¿Recuerdas lo que hablamos en Bangladesh sobre la vuelta al mundo? Pues me apetecería intentarlo, ¿por qué no nos ponemos a investigar?.

Una pregunta que quedó en el aire hacía mucho tiempo, por fin quedó contestada de una forma tan espontánea.

Veintidós de Mayo de 1.999, ciudad de Ceuta. Han pasado 6 años desde esa conversación ... e iniciamos oficialmente la Ruta de los Imperios. La línea que comenzamos a trazar en el mapa en 1.993 se ha hecho realidad, convirtiéndose en una expedición que durará dos años y que se convertirá en la última gran ruta nómada del milenio y en la primera expedición interactiva que dé la vuelta al mundo por tierra.

El día anterior se había celebrado la rueda de prensa en el Palacio Presidencial de Ceuta y hoy, 22 de Mayo, las ruedas de nuestro todo terreno suben la metálica rampa que nos introduce en la barriga del ferry que nos llevará desde nuestra ciudad a Algeciras y poder proseguir hacia el norte de la península.

Al igual que ocurrió en 1992, nos instalamos en la popa del barco, con la mirada perdida en la estela espumosa que dejaba el ferry en las aguas del Estrecho, pensando en los seres queridos que dejamos atrás, pensando en el gran desafío que acabamos de iniciar y observando como el Monte Hacho de nuestra ciudad se iba haciendo cada vez más pequeño en el horizonte ¿Cuándo volveremos a divisarlo de nuevo?... Finalmente desapareció y nos acomodamos en el interior del barco. A partir de ahora nuestra vista y nuestras mentes enfocarán la mirada y el ánimo hacia delante, hacia un futuro repleto de nuevas y enriquecedoras experiencias, de sorprendentes e insólitos encuentros, así como de numerosas y fascinantes exploraciones. Este es, en definitiva, el espíritu que encierra la Ruta de los Imperios.

Pero antes debemos hacer un alto en Madrid. Tenemos que esperar una semana para obtener los dos últimos visados que nos quedan pendientes y nos abran las puertas de países como Libia y Siria. Una semana que roza la locura y la extenuación por la frenética actividad que nos envuelve durante los últimos días. Preparativos finales y cantidad de asuntos que hay que dejar resueltos antes de abandonar España hacia esa puerta abierta, a veces con recelosos y gruesos cerrojos que hay que intentar abrir pacientemente: el mundo.

Fue una semana de jornadas que iban desde la 7 de la mañana a las 2 de la madrugada... a un ritmo de 3 ó 4 horas de sueño por noche debido a desvelos cada vez que nos acordábamos de algo que había que resolver ineludiblemente al día siguiente.

Así llegamos al día 1 de Junio, el día en que saldríamos de España para volver un día... un día muy, muy lejano... en el año 2.001. Tan sólo habíamos dormido tres horas y apenas nos teníamos en pie pero no importaba, las fuerzas las encontrábamos cuando pensábamos en una palabra mágica: "Habib". Ese era el nombre del barco que nos esperaba en Marsella para embarcarnos hacia Túnez.

A medida que cargábamos el coche recordábamos a los grandes amigos y a la familia que nos habían estado ayudando y apoyando hasta el último momento. En nuestras mentes estaban Reyes y Marcial, Michel, Pepemo, Elvira, Bruno, José Enrique... y muchos más, que con sus llamadas de ánimo o con su presencia en nuestra casa para descargarnos de trabajo, lograron que el sobrepeso de los últimos preparativos no nos aplastasen.

Todo listo, tan sólo restaba una cosa, un acto que se nos ocurrió un día en broma justo antes de partir a una ruta y ahora es casi un ritual previo de salida a cualquiera de nuestras expediciones: ir a la farmacia y pesarnos. Yo pesé 79 kg. y Marián 50 kg. Al regreso repetimos la escena con los amigos más allegados para ver quién acierta la pérdida de peso de cada uno. Y tras la ceremonia, a celebrar el regreso con una buena cena en algún restaurante exótico de alguna cultura lejana.

Nos sentamos de nuevo en nuestra montura y giramos la llave de contacto. Hemos partido. Ante nosotros los 1.200 km. que nos separan de Marsella. Íbamos muy mal de tiempo, la actividad de última hora había generado un gran retraso, y en vez de partir a las 8 de la mañana salimos a las 1 de la tarde... y debíamos estar en el puerto de Marsella a las 9 de la mañana del siguiente día. Pero no hubo problemas, las autopistas nos permitieron una excelente media y tan sólo paramos para echar una cabezada de media hora, para repostar y para dormir en nuestra auto-tienda en una estupenda área de servicio antes de la ciudad francesa de Nîmes. Su gigantesco parking está lujosamente habilitado para camioneros y demás viajeros motorizados con medios propios para pasar la noche y que puedan pernoctar con todo tipo de comodidades sin necesidad de salirse de la ruta: parking acondicionado para descansar, picnic, duchas, servicios, self-service, cafetería, etc.

Dos de Junio de 1.999, nueve de la mañana. Delante de nosotros se perfilaba en el horizonte la silueta del "Habib", era el sueño hecho realidad. Acabábamos de recoger nuestros billetes de la C.T.N (Compagnie Tunisienne de Navigation) y los trámites del embarque fueron muy rápidos. Íbamos entregando y recogiendo papeles y certificados pero nuestra mirada siempre se fugaba hacia el portón abierto de la bodega del "Habib". Cuando finalmente entramos en esta gran nave aparcamos el todo terreno con el morro enfilando hacia la proa... una proa que apuntaba a África, donde iniciaríamos la primera etapa de esta ruta: Túnez.

Resto de crónicas de la ruta

Acerca de los expedicionarios

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Te presentamos a tus compañeros de viaje

Vicente Plédel y Marián Ocaña son dos aventureros ceutíes con una prestigiosa trayectoria de rutas de exploración a través del mundo y entre los dos cubren todos los aspectos que requiere una expedición.