x
post 1488x702

Crónica 2,

Túnez I - Huellas del pasado

Ruta : Ruta de los Imperios | País : Túnez

La bandera roja con la estrella y la media luna de Túnez ondeaba con vigor azotada por el viento en la popa del "Habib". Marsella, y con ella el continente europeo, se iba alejando poco a poco hasta perderse en el horizonte. De nuevo rumbo a África y de nuevo rumbo a un país muy conocido y apreciado por nosotros: Túnez.

La Compagnie Tunisienne de Navegation dispone de una flota de cruceros que une varias veces por semana Marsella y Génova con Túnez, haciendo posible que todo aquel que desee desplazarse a este hermoso país africano con su propio vehículo pueda hacerlo de una forma rápida y cómoda. Nos asignaron un camarote exterior, con lo cual el mar siempre estaría a nuestra vista. La travesía, de un día de duración, se presentaba alentadora con aguas serenas y tranquilas, sin sobresaltos que perturbasen el relax que en estos momentos necesitamos después de los agotadores y estresantes meses previos a la salida.

Este trayecto es también una introducción a la exquisita gastronomía del país si se elige la pensión completa. Por poco más de 3.000 pts. por persona se disfrutará de un menú fijo con varias especialidades tunecinas ... en un gran comedor del barco con amplios ventanales que dan al mar.

La travesía marítima por el Mediterráneo fue un auténtico bálsamo para nosotros. Paseábamos por la cubierta, nos sentábamos en algunas de las terrazas del barco a leer, escribir o simplemente a disfrutar del mar y del cielo mientras el barco avanza sin descanso hacia el sur.

Atracamos en el puerto de La Goulette y ésta es la quinta vez que pisamos la tierra tunecina a bordo de un vehículo que hemos conducido desde España. Algunas veces hemos venido para centrarnos en Túnez y otras como etapa de algunas de nuestras expediciones. Pero esta vez es especial, será el país que estrene nuestro largo peregrinar por el mundo con la RUTA DE LOS IMPERIOS, un principio perfecto puesto que este país norteafricano sabe conjugar perfectamente un pasado de costumbres y tradiciones centenarias con un presente moderno y desarrollado que ha permitido que Túnez sea, tras Sudáfrica, el 2º país más desarrollado del continente africano.

Nuestro desembarco fue tranquilo y sin prisas y el paso por la aduana no nos ocupó más de 20 minutos. Los pasaportes se sellan rápidamente (los españoles no necesitamos visado) y el vehículo no necesita ningún papel especial, el propio seguro español es válido.

Recorrer Túnez supone realizar una ruta muy completa: en el norte hallaremos algunos de los ejemplos más impresionantes del "Imperio Romano en África" y a medida que bajamos hacia el sur nos encontraremos la esencia tunecina con los zocos, mezquitas históricas, fortificaciones, ribats, ... hasta llegar a la aventura del gran sur: el dominio de las arenas, las palmeras, los oasis, los pueblos bereberes ...

Y ese será nuestro comienzo redescubrir la Roma africana donde los campos de olivos multiplicados por doquier arropan a la mayoría de los emplazamientos arqueológicos más bellos del norte de África.

Durante varias jornadas nuestros pasos están encaminados a recorrer lugares tan emblemáticos como la mítica Cartago, que llegó a contar con una población de 400.000 personas, convirtiéndose en la metrópoli más rica del mundo que osó enfrentarse cara a cara con la mismísima Roma Imperial. Hoy en día sus restos no son tan significativos como lo fue su historia pero una serie de villas romanas y las termas de Antonino junto al mar son el legado más sobresaliente.

En Oudhna la historia más reciente nos ofrece una anécdota sobre el descubrimiento de sus ruinas. Las visitas están aun restringidas por los trabajos de excavación pero en unos años se convertirán en otro de los "platos fuertes" de la arqueología tunecina. Su descubrimiento fue muy curioso y forma ya parte de la historia del lugar. El colono francés que era propietario de las tierras construyó su mansión en lo alto de la colina. Un día, un terremoto removió los cimientos de su hogar y mientras revisaba los daños ocasionados ...pudo descubrir maravillado que bajo su casa se encontraban los restos de un gigantesco capitolio romano. A partir de ahí se comenzaron a descubrir otros muchos restos como termas, villas con mosaicos, un teatro, etc. La casa sigue actualmente encima del capitolio (ya recuperado de su forzado cautiverio) porque nadie se atreve a derribarla por si ocasionase daños a esta importante construcción romana. Ahora es el hogar de una humilde familia tunecina que hace las veces de guarda custodio del lugar arqueológico.

Afortunadamente una de las ventajas de Túnez es que es un país pequeño (tan sólo tiene 164.150 km2 frente a España con 564.000 km2) esto supone que cualquier desplazamiento se puede hacer por carretera rápidamente. Así que estableciéndose estratégicamente en determinados puntos se puede seguir disfrutando de emplazamientos como los de Dougga o Bulla Regia, y volver a Túnez capital en el mismo día. O para ir a Útica, a tan sólo 34 km. hacia el norte (ciudad que sustituyó a Cartago como capital cuando ésta fue destruida).

En Dougga, el primer contacto que establecemos es con su magnífico teatro donde 3.500 personas pudieron disfrutar de cientos de representaciones teatrales hace 18 siglos. Los abundantes campos de olivos le dan ese carácter marcadamente mediterráneo y familiar para nosotros, y entre ellos se yergue orgulloso el arco de Severo Alejandro. El capitolio no nos ha dejado de avisar que es uno de los más bellos monumentos romanos aún en pie y las villas romanas, frente a él, empiezan a deslizarse por una calzada descendente que nos dirige hasta un mausoleo púnico-libio, más antiguo aún que la ciudad romana de Thugga, que es como se bautizó en sus orígenes. El ruido de un tractor desvía nuestra atención. A tan solo 50 metros del mausoleo sigue, sin perturbarse, con sus labores agrarias ajeno a los insignes vecinos que aún continúan en pie después de casi un milenio. Como en muchas de las ruinas que visitamos, la vida cotidiana continua alrededor de la historia, como lo viene haciendo desde las primeras semillas que se plantaron hace cientos de años.

Bulla Regia, se encuentra no muy lejos de Dougga a través de una comarcal sinuosa que nos deja a los pies de esta ciudad, donde San Agustín pronunció un exitoso sermón durante la época bizantina.

La particularidad, el encanto, lo que hace única a esta ciudad romana es precisamente lo que no se ve ... cuando se entra en ella. Me explico. Debido al tórrido calor que azota la zona en verano (del cual damos fe de ello) los habitantes adoptaron un sistema de construcción muy original: hacia abajo, es decir, bajo sus casas crearon una ciudad subterránea. A través de unas escaleras accedemos al subsuelo, donde encontramos otra vivienda con la misma disposición. Este sistema les proporcionaba un frescor que les ayudaba a sobrellevar con más dulzura el caluroso estío. Pero lejos de ser "cuevas", gozaban de la misma bella arquitectura que en la superficie: patios, columnatas, sus propias fuentes, fascinantes mosaicos en suelos y paredes... Los últimos rayos de sol agonizaban tras una colina y el ocaso se iba adueñando del lugar, sumiendo la ciudad de la superficie en las mismas penumbras que la ciudad subterránea. Era el momento de regresar a Sidi Bou Said.

Este encantador pueblo a las afueras de Túnez y situado en lo alto de un acantilado es nuestra base para explorar el norte de Túnez. Sobresale por la blancura inmaculada de sus paredes sobre las que destacan los balcones de hierro forjado, postigos de madera y portones en arco, todos ellos pintados de un precioso azul turquesa.

El barón Rodolfo d'Erlanger, en 1912, se quedó tan impresionado con su belleza que no se detuvo hasta que en 1915 consiguió que se creará un estatuto de protección del pueblo para conservar su arquitectura tradicional y reanimar su artesanía clásica. Para la época constituyó todo un hito en el mundo y con el tiempo, este ejemplo de protección se fue extendiendo a otros lugares del planeta. Esta acción permite gozar en la actualidad del placer de pasear por sus calles, que aunque ahora están llenas de puestos de recuerdos, no eclipsan en absoluto la belleza del lugar.....

RUMBO HACIA EL SUR

Otra de las páginas del Imperio Romano en Túnez es Sbeitla, la antigua Sufetula. En ella se encuentran los impactantes templos a la triada de Júpiter, Juno y Minerva junto a foros, villas, mercados y numerosas basílicas del Imperio Bizantino.

Y mucho más al este de Sufetula, y en medio de una yerma llanura ... aparece el anfiteatro de El Jem, el sexto mayor del Imperio Romano (30.000 espectadores). Constituye el monumento más impresionante que ha dejado Roma en África. Incluso conserva, bajo la arena donde se desarrollaban los espectáculos, las galerías abovedadas donde se encerraban a las fieras salvajes y a los pobres infelices que debían luchar por su vida con otros gladiadores o con las propia fieras.

Las temperaturas se mueven entre los 31º y 33º pero la brisa marina de Sousse nos despeja y nos saca del ensoñamiento de historias de gladiadores y fieras salvajes en las arenas del Jem, para descubrir un elemento totalmente distinto a los recorridos por la etapa romana. Se trata del ribat, símbolo de la época islámica magrebí.

A finales del siglo VIII una cadena de fortalezas inexpugnables comenzaron a edificarse en la costa para defender el Islam de las incursiones cristianas. En realidad sus habitantes eran monjes-soldados que repartían su tiempo entre la oración y el combate contra los "infieles". Tanto en Sousse, como en la playa de Monastir podemos encontrar dos magníficos ejemplos de este tipo de construcción defensiva árabe con un aspecto más de fortaleza que de monasterio.

El pulso de la población se localiza en su magnífico zoco, a nuestro parecer, el mejor de Túnez. Aunque hay muchas calles repletas de tiendas para turistas con hermosas piezas de artesanía también nos encontraremos con otras calles donde hallaremos la esencia del zoco árabe, donde se comercia con las especias, fruta, ropa, utensilios de uso diario y todo tipo de artilugios para la vida cotidiana.

En uno de los altos por el zoco, nos sentamos en las escaleras de una peluquería. Hicimos migas con el simpático peluquero, el señor Guezguez Mahmud, que disponía de todo un repertorio de pósters y bufandas de equipos de fútbol europeos, incluido el Barcelona pero estaba contrariado porque le faltaba el Real Madrid. Aunque no soy seguidora del mundo del fútbol, le prometí que le enviaría un póster del equipo merengue a la menor oportunidad para que así pudiese completar su colección.

El segundo ejemplo de historia árabe está en Kairouan, la cuarta ciudad santa del Islam después de La Meca, Medina y Jerusalén. El calor es sofocante, ya hemos sobrepasado otra vez los 30º y las horas centrales del día no son precisamente las más adecuadas para conocer la ciudad. Ya lo dijo Asterix: "en Britania haz como los bretones" y si no se ve un alma por las calles lo mejor será descansar como hace su población. Las alfombras de Kairouan son reputadas en el mundo entero así que entramos en una de las tiendas que escoltan la Gran Mezquita. Sus vendedores son muy amables y correctos y salvo algún chaval más impaciente por sacar algunos dinares rápidamente, el resto son personas serenas y sin agobios. Mientras nos tomamos un té, nos contaban las diferentes calidades y variedades que sólo las mujeres, nunca los hombres, confeccionan concienzudamente siguiendo la vieja tradición del telar a mano.

El calor del mediodía se ha suavizado un poco y nos adentramos en la Gran Mezquita. Su aspecto exterior es el de una fortaleza sobria pero su interior alberga una sublime decoración de filigrana y artesonado a base de piedra, estuco, mármol y azulejos. Estábamos solos y el silencio reinante sólo estaba roto por el tintineo que dos fieles hacían al limpiar las lámparas de cristal que se descuelgan del techo a modo de araña. Los "infieles" no podemos entrar pero sí que podemos observar desde los patios exteriores su interior. Por estos patios se amontonaban por un lado los zapatos que los fieles deben quitarse para la oración y por otro las esteras que emplean para rezar cubriendo el suelo.

Desde la Gran Mezquita nos fuimos a la Zaouia de Sidi Sahab, también conocida como la "Mezquita del Barbero", así llamada porque se erigió en honor a un santo y amigo del Profeta que solía llevar tres pelos de la barba de Mahoma. Popularmente la gente empezó a llamarle el barbero del Profeta y se bautizó así a la mezquita. Los azulejos y el estucado invaden el interior de este edificio. Algunos peregrinos se tumban en las esteras extendidas en el patio porticado que da acceso a la sala que alberga la tumba del santo.

Uno de los peregrinos se dirige a nosotros en francés:

- Hola, ¿sois italianos?. -Ese es error al que ya nos vamos acostumbrado. Los españoles todavía no suponen, curiosamente, un porcentaje representativo de los visitantes de Túnez y al oirnos hablar se creen que somos italianos (que sí vienen en gran número)

- Somos españoles.-Le aclaramos.

- ¿De dónde? Madrid, Barcelona, ...

- Venimos de Ceuta, una ciudad española que está en el norte de África.- Proseguimos, saciando su sana curiosidad.

- Norteafricanos también. Pero aquí hace más calor, ¿verdad?- Replicó con toda la razón del mundo. Eran las dos y media de la tarde y el bochorno del aire caliente era evidente en nuestros cuerpos.

- Si, hace mucho calor. Acabamos de terminar la visita de la mezquita de Kairouan y hemos tenido que venir rápidamenta aquí, antes de que se cierre una hora para el rezo.- En Túnez, a diferencia de Marruecos, se permite la entrada a todos los patios de las mezquitas y permite que los amantes de arte nos deleitemos con estas obras de filigrana y arquitectura. Tan solo cuando llega la hora del rezo hay que abandonar el recinto para que los fieles hagan sus plegarias con el recogimiento que esta tarea exige.

- Tomad esto, os aliviará del calor.- Nos dijo, mientras nos extendía un recipiente metálico en forma de pequeño butafumeiro.

- ¿Qué es?. -Preguntamos curiosos.

- Es agua aromatizada con flor de azahar. Extenderlo por el cuello, brazos y cara y os refrescará un buen rato. ¡Y en la calva!, añadió riéndose mientras miraba a Vicente.

Y era cierto. La cristalina agua acompañada del suave y fresco aroma de azahar que se inhalaba al respirar nos proporcinó nuevas energías. Terminamos la visita con la compañía de este buen hombre y al final nos despedimos de él, dándole las gracias por todo.

A medida que avanzamos hacia el sur, resulta más fácil observar como las mujeres de más edad siguen cubriéndose con el típico sifsari, blanco, crema o negro según las zonas. Las mujeres bereberes, en cambio, visten con vestidos de colores muy vivos como fucsia, verde o azulón. Los hombres de edad más avanzada se sienten más cómodos con su chilaba y su chechia (los gorritos de fieltro rojo) o el gorro de estilo cordobés pero de paja, y es fácil verles con una ramita de jazmín apoyado en la oreja o en su defecto cualquier otra flor. En cambio, la juventud se ha adaptado a la moda occidental.

EL GRAN SUR

Pero el Gran Sur está ahí mismo, si seguimos avanzando hacia él, los que amamos la exploración y vivir un episodio en plena libertad y naturaleza, nos encontraremos con el Sahara. 25.000 km2 de su infinita extensión se hallan en Túnez y posee unos lugares tan dispares como únicos. Desde la ciudad santa de Kairouan preparamos el gran salto al Imperio del Desierto. Tan solo una sombra en nuestro entusiasmo, somos conscientes de que el tórrido sol del verano nos va a hacer padecer temperaturas superiores a los 45º ...

Resto de crónicas de la ruta

Acerca de los expedicionarios

about

Te presentamos a tus compañeros de viaje

Vicente Plédel y Marián Ocaña son dos aventureros ceutíes con una prestigiosa trayectoria de rutas de exploración a través del mundo y entre los dos cubren todos los aspectos que requiere una expedición.